Business

Advertise

Fashion

La firma norteameri-cana Valley invertirá 80 millones de pesos para fabricar equipos en General Rodríguez.
En los últimos dos años, varias empresas multinacionales de peso iniciaron planes de inversión para construir en el país productos que antes se importaban, como tractores y cosechadoras. A estos rubros ahora se agrega el riego, en un mercado en el que cada año se comercializan alrededor de 350 equipos y en el que la superficie regada a nivel nacional está apenas por sobre las 350.000 hectáreas, muy lejos de su techo.
Con veinte años de presencia en el país y un 82% de las ventas totales en el mercado local, la firma Valley, perteneciente al grupo norteamericano Valmont, presentó esta semana su plan de inversiones por 80 millones de pesos para construir sus primeros equipos en el país y abastecer, en una primera etapa, el mercado local.
La futura fábrica se construirá en la localidad bonaerense de General Rodríguez y será la quinta planta que los norteamericanos construyen en el extranjero. El predio tiene 10.000 metros cuadrados y dispondrá de 6.000 metros cuadrados cubiertos, en los cuales trabajarán 60 operarios.
Lorena Vigil, gerente comercial de la compañía, detalló que en diez meses comenzarán a fabricarse los primeros pivotes de riego, lo cual se implementará en dos fases.
Vigil explicó que en el inicio los equipos contarán con un 60% de componentes nacionales, y que de manera paulatina se buscará incrementar este porcentaje hasta alcanzar, en el cuarto año de producción, un 80% bajo esta condición.
Con una capacidad máxima de producción de 1.000 pivotes anuales, la planta con sede en General Rodríguez fabricará entre 600 y 800 equipos por año.
Pero el plan de negocios de la empresa no sólo contempla abastecer a los productores argentinos, sino que apuntarán también a comercializar su saldo exportable en diversos mercados de América Latina, como Chile y Perú.
Con un costo promedio de 115.000 dólares (valor de un equipo de siete tramos para regar una superficie de 50 hectáreas), estos pivotes son adquiridos por productores de papas, semilleros y agricultores que, está claro, buscan estabilizar e incrementar su nivel de rendimientos.
fuente: clarin.com
En Hughes, Santa Fe, plena zona núcleo, los Vázquez hallaron en la integración su camino al crecimiento. Soja y maíz se transforman en alimento para los cerdos. Y con la maquinaria trabajan como contratistas. Una cuestión de familia.
Rubén Vázquez
se acerca a la vera de la ruta 8. Es el kilómetro 330, en localidad de Hughes, Santa Fe. En ese punto se encuentra con Clarín Rural .
A mil metros de la ruta está la entrada a su campo, en donde esperan sus hijos, Diego, el mayor, y Gonzalo. En un ámbito muy familiar, abren las puertas de su establecimiento. Los tres son el eje de una empresa mediana, de producción mixta, que hace agricultura, tiene una granja de cerdos y, además, brinda servicios de maquinaria a terceros.
Vale la pena conocerla.
En la integración de las actividades, esta familia encontró la clave de la estabilidad productiva y financiera que les permite mostrar su exitoso esquema mixto en plena zona núcleo agrícola del país. Esta particularidad también los destaca dentro del grupo CREA Teodolina, del que forman parte, en el cual el resto de los miembros son exclusivamente productores agrícolas.
En realidad, el esquema de los Vázquez retoma una vieja tradición de la historia de esta región, que fue históricamente maicera y que vio cómo crecían las granjas porcinas y avícolas en torno a la producción de este cultivo.
Rubén sigue viviendo en el campo, en el que creció. En cambio, sus hijos, que también vivieron ahí, ya migraron al pueblo más cercano, Santa Isabel, que está a sólo diez kilómetros. Sin embargo, van diariamente al campo para trabajar, ya que el manejo que hacen requiere de la plena atención de los dos.
Diego es médico veterinario y está a cargo de la producción porcina, y Gonzalo, que es ingeniero agrónomo, se responsabiliza de la parte agrícola y de la empresa de servicios de maquinaria, aunque reconocen que cuando es necesario “todos hacen de todo”. Por su parte, el papá Rubén se encarga de las cuestiones financieras de la firma, que “no es poca cosa”, según dicen sus hijos, sobre todo en estos momentos de la Argentina y del negocio.
Este año, toda esta organización viene sufriendo un hecho muy particular en la zona: el clima ha sido muy errático. Las lluvias deficientes de todo el año, en combinación con lotes que no tienen una aptitud agrícola homogénea, los está instando a ser muy puntillosos con las decisiones de siembra. Además, ellos no pueden equivocarse: trabajan “sólo” 160 hectáreas propias y 240 alquiladas y lo hacen con una apuesta tecnológica igual en toda la superficie, ya que en la parte arrendada se guían por pautas de sustentabilidad que incluso establecen en los contratos de alquiler.
Gonzalo comenta que el maíz, un cultivo clave para ellos ya que la granja porcina consume el 80% de lo producen, fue sembrado en los lotes más cercanos a una laguna, ya que allí todavía conservan un buen perfil de humedad, dada la influencia de la napa freática. Otra parte de la superficie de este cultivo será tardía.
Diego explica que las fechas diferidas del cereal son una gran ventaja, porque brinda estabilidad en los rendimientos, algo muy necesario para ellos. De todas formas, dice que hay que tener algunos recaudos, porque deben cosecharlo seco para la granja, para lo cual buscan un ciclo corto, para que madure bien a campo antes de que lleguen la máquinas a recogerlo.
Este año van a sembrar 100 hectáreas de maíz y el resto será de soja de primera. En el caso de la oleaginosa, el manejo es algo más sencillo, manifiesta Gonzalo, aunque varían fechas de siembra y ciclos de madurez en función de la calidad de lotes. Un 20% de la soja que producen se consume en la granja, aunque en forma de expeller, gracias a un acuerdo que tienen con una extrusadora de la zona, a la que le entregan el grano y les paga con expeller, en un ventajoso acuerdo para ambas partes.
Diego explica que el maíz que consume representa el 50% del costo de capón (el macho castrado). Es decir, cuanto más barato es el precio del maíz, más barato es el costo del capón terminado.
Más allá de los vaivenes que eso genera, la familia tiene grandes expectativas con la producción de cerdos y piensan que en algún momento, no muy lejano, en la Argentina se dará un salto en el consumo de esta carne. “Hay una importante perspectiva de crecimiento, que puede comenzar a darse en cualquier momento. Ahora se habla nuevamente de una incipiente liquidación de vientres en la producción bovina. Si se matan esas madres, el faltante de carne que va a provocar, ¿con qué se va a reemplazar? Con cerdo y pollo, está claro”, se entusiasma Rubén.
En función de esta visión, el año pasado invirtieron en la construcción de una sala de parición, que inauguraron hace siete meses. En la parición, explican, tenían las mayores pérdidas de eficiencia, pero ahora pasaron de destetar 7 cerdos por madre a 10 por cada una.
Actualmente, tienen 80 madres en producción, pero el objetivo, a un año y medio, es ampliar el plantel a 120. El ciclo de producción sigue con la recría del capón, que se hace en grandes jaulas de madera, y finalmente la terminación, que también es a campo.
Ellos mismos, con la ayuda de un albañil, levantaron el galpón de parición. Gracias a que fueron la mano de obra, se ahorraron un 40% del costo de la construcción. “Hoy, un galpón de parición, llave en mano, cuesta unos 7.000 dólares por cerda”, subrayan, dando una idea de la magnitud de la inversión necesaria y el esfuerzo que eso implica para una empresa familiar pequeña.
Pero los objetivos no quedan allí: los próximos pasos en el plan de mejoras de la chacra incluyen la construcción de la sala de servicio/gestación y de destete.
Pero, para cerrar el círculo, la familia debió buscarle un negocio a las máquinas que tienen para hacer una agricultura eficiente, en tiempo y forma. En esa búsqueda se constituyó otra de las patas fuerte de la empresa de los Vázquez: la prestación de servicios de labores agrícolas, con las que comenzaron en el 2004, cuando compraron la primer cosechadora.
Hoy, como contratistas de maquinaria agrícola, tienen dos sembradoras, dos tractores, una cosechadora y una pulverizadora de arrastre. Reconocen que vienen trabajando muy fuerte para mantenerse a la vanguardia en este rubro también.
Gonzalo cuenta que pudieron ir comprando fierros con mayor capacidad de trabajo a fuerza trabajar muchas horas con los modelos más chicos y en muchas zonas. Recién el año pasado, agregan, lograron concentrarse más dentro de su región. Así, por la cercanía y el mayor rendimiento de los lotes, pudieron bajar en cantidad de hectáreas, que les permitió también disminuir los riesgos que implica el traslado de la maquinaria por las rutas.
Los Vázquez son un ejemplo de empresa familiar que, en la integración, encontró una plataforma para sostenerse y pensar en seguir creciendo. El trabajo esforzado y avanzar con pasos cortos pero seguros, en momentos clave, hicieron la diferencia.
En los tambos, los terneros que quedan guachos porque la madre, tras parir, debe volver a ordeñarse, son un verdadero problema. En Córdoba vieron la veta y armaron una guardería en una escuela agraria que hoy es referente a nivel nacional. Tamberos, empresas y docentes, juntos por la productividad.

Dejar en manos de especialistas un problema difícil de resolver puede resultar no solo un alivio, sino también la clave de la sobrevivencia de un tambo. La mortandad suele convertirse en una dificultad nada fácil de sortear. Sin embargo, la guardería de terneros que funciona en un colegio de Bell Ville, Córdoba, de la mano de una docente y sus alumnos, se convirtió en la mejor solución para un grupo de productores que no le encontraba la vuelta a la crianza y estaba poniendo en serio riesgo el futuro de su producción.
Esta herramienta surgió de la conjunción entre el sector público y el privado, permitiendo que productores lecheros pudieran tercerizar uno de los procesos más delicados. Por ventajas económicas, de practicidad y eficiencia, se perfila como una alternativa de interés en la región.
La guardería está cerca del kilómetro 500 de la ruta nacional 9, en las instalaciones del Instituto Provincial de Educación Agropecuaria Orestes Chiesa Molinari (ex Escuela Nacional de Agricultura).
A pocos metros del asfalto se crían cientos de terneros. Se comenzó tratando de solucionar la alta mortandad en el tambo propio de la escuela. “Como en muchos establecimientos, las terneras se morían y había muchas complicaciones” recuerda la docente Raquel Vissani, jefa de Ganadería de la institución, quien literalmente se llevó las crías al patio de su casa -vive dentro de las tierras de la escuela- para cuidarlas personalmente.
Con el tiempo llegó el contacto con Eduardo y Santiago Bianco, expertos en el sistema Ruter -alimento sólido que funciona como sustituto lácteo- de destete hiperprecoz en la región. El planteo fue comenzar a trabajar bajo esas normas, incorporando animales de la zona.
Hoy, cuentan con once productores como clientes, algunos de ellos con hasta cinco tambos. Y a la institución educativa le permite formar alumnos en herramientas laborales y obtener ingresos.
Comenzaron con crianza en estaca y ante el aumento en la cantidad de terneros implementaron correderas. Luego diferenciaron sectores que se ocupan durante verano e invierno, para dar descanso a las distintas superficies. “Lo mejor que uno puede hacer en una guachera con alta carga es dejar un intervalo de por lo menos 180 días en la utilización del espacio, por las bacterias y los microorganismos”, aconseja la docente.
Al ingresar, el ternero tiene un período de corredera de siete semanas. Las cinco restantes está en corrales, una etapa en la que ya deja la leche. Al comer únicamente sólidos, el manejo es más simple.
Los lunes y martes se organizan recorridas por los establecimientos de los clientes para recoger los terneros y devolver los que cumplieron 90 días en la guardería. “Uno de los problemas más serios es lo que ocurre entre que el ternero nace e ingresa a la guardería. Es un período crítico”, asegura Vissani.
Para el productor, la crianza es una actividad compleja dentro del tambo y no siempre cuenta con mano de obra especializada. “Como no es algo que le genere ingreso directo, cuesta verlo a largo plazo y suele quedar de lado”, advierte la profesional.
Tanto el parto como la asistencia a la cría suele ser poco atendida, o por lo menos no lo es en la medida más conveniente. Esto provoca que el ternero ingrese al sistema complicado inmunológicamente y obligue a duplicar el esfuerzo en la guachera.
“Si el productor comprendiera que la buena atención de la vaca y el ternero en el parto es el salvoconducto de una buena crianza, estaríamos solucionando muchos problemas en el tambo”, agregó la experta.
Los porcentajes de mortandad que tienen todavía no son los deseados, ya que el sistema es complejo, debido a las diversas procedencias de los terneros. Entran entre 80 y 100 animales nuevos por semana y en los picos de pariciones llegan a tener 1.000 terneros.
Cada uno llega con una problemática distinta y es difícil darle un tratamiento individualizado. Pero están buscando llegar a un promedio de 8% de mortandad, un número muy razonable para la actividad y las condiciones en que se desarrolla.
La alimentación se basa en el sustituto lácteo, maíz con concentrados y rollo. Hay un plan sanitario inicial, y tratamientos puntuales por problemas respiratorios o de diarrea. Se hace doble vacunación para problemas neumónicos, clostridiales, gangrena, antiparasitario, vacuna contra salmonella y aftosa.
En la escuela están convencidos de que un buen plan sanitario tiene un importante retorno para el tambo, ya que se va generando inmunidad en los animales y regresan más fuertes a sus establecimientos.
Para el productor lechero, el esquema es redituable. Un ternero de 90 días ya está ruminalmente desarrollado y encaminado. De vuelta en el campo en esas condiciones, es más simple continuar con la recría, con menos necesidad de personal y menos problemas.
A la luz de su experiencia, Vissani concluye que en la lechería en general hay una problemática muy grande “que no nos permite crecer en número con nuestros propios terneros”. Así, dice que apenas alcanza para hacer reposición de lo que se vende.
Pero insiste en que una buena cría repercute al final del balance más de lo que se cree. En el tambo que explota la escuela, el 90 por ciento de terneras surgieron de esta guardería y, con orgullo, pueden decir que alcanzan niveles de producción de 32 litros promedio.
Es el resultado de una buena base, lograda con una crianza muy bien hecha y con todo lo que requiere el momento más importante en la vida del animal. Porque lo que pasa al principio, es fundamental.
fuente: diarioclarin.com